Mariel en rose

mi vida como mujer…

Mis años de pesadilla heterosexual (4)

Las personas que tenemos una sexualidad diferente a la que “a priori” indica nuestra anatomía, siempre debemos andar por la vida con demasiadas precauciones, con algunos dobles discursos muy a pesar nuestro y buscando reconciliarnos con nosotras mismas enriqueciendo de todas las formas posibles e imaginables nuestra interioridad. Muchas veces, inclusive, debemos luchar contra nosotras mismas para reprimir lo que sentimos y sabemos que no será aceptado o que causará demasiado daño y/o indignación en los que nos rodean… y aún en el resto de la sociedad, que se siente con derecho a decirnos qué podemos y qué no podemos ser… 

Todo esto se hace más y más pesado cuando, por la circunstancia que fuere, incurrimos en el tremendo error de satisfacer las demandas externas y nos casamos “como Dios manda”. 

Como ya les conté, yo fui una de esas personas. Pero, ¿cómo pude sobrellevar la carga de vivir una vida que sentía y sabía que no me correspondía vivir? Ni siquiera hoy me lo puedo responder. Sólo puedo ir recordando y recopilando hechos y situaciones que me ayudaron. Algunas más, otras muchas… menos. 

Sin ningún tipo de dudas, lo más difícil y traumático eran los momentos en que no tenía otra opción que intentar tener sexo con mi ex esposa. Fueron más fracasos y situaciones lindantes con lo vergonzoso, que momentos medianamente pasables… 

Intentaba poner mi pensamiento en otras cosas, ocupar el tiempo que me quedaba libre después del trabajo en algo que me gustara o que me mantuviera alejado de mis deseos. Pero lógicamente, es imposible luchar contra la esencia, contra lo que es parte indisoluble de nuestra personalidad. Tarde o temprano sentía el impulso femenino y se me hacía demasiado complicado poder satisfacerlo de alguna manera o en el momento en que aparecía con toda su fuerza.

En los ratos que podía estar a solas (generalmente después del mediodía, que mi esposa salía para su trabajo), y estndo lo más segura posible de que nadie vendría por cualquier motivo, solía usar alguna ropa de ella y hasta me ponía algo de su maquillaje (esto no era siempre, porque después me quedaba muy nerviosa pensando que podía quedar algún rastro de color o del aroma y ser descubierta).

En uno de los tantos momentos de crisis del país, quedé durante varios meses sin empleo fijo. Los días que no salía a buscar un trabajo o que estaba a la espera de alguna posible respuesta laboral, me quedaba en casa y cuidaba de los chicos. El más chiquito era apenas un bebé y mi hija mayor iba al jardín de infantes. Mientras el bebé dormía, también aprovechaba a usar alguna ropa de mi esposa. Pero en esos momentos yo tenía algo de ropa interior y dos pares de pantimedias que me había comprado poco antes y que guardaba en el patio, en las cajas de herramientas que sabía que nadie tocaba nunca…

Me encantaban esas horas para mí. Inclusive disfrutaba mucho del tiempo que pasaba con mis hijos porque cumplía la función de su mamá, cuidándolos, vistiéndolos, dándoles de comer, etc. También me encantaba hacer las tareas de la casa y ponía mucho empeño en que todo quedara perfecto.

Pero la relación ya estaba dañada. En realidad, nació dañada.

La separación era sólo cuestión de tiempo. 

Después del divorcio vinieron varios años de vivir sola. Fue una mezcla de hermosos momentos con otros de profunda tristeza y depresión porque no tenía a mis hijos y porque sabía que mi sueño se había esfumado casi por completo… salvo para vivir como deseaba en la intimidad.

14 diciembre, 2008 - Posted by | mi vida como Mariel, sexualidad, travestismo | , , , , , , , , , , , , , , , ,

3 comentarios »

  1. rosqueter

    Comentario por Anónimo | 19 diciembre, 2008

  2. cuanto te entiendo mi querida Mariel. Besito. Betty

    Comentario por Betty | 17 febrero, 2009

  3. Gracias, Betty…
    Me encanta verte por aquí…!!

    Un beso muy cariñoso…
    Mariel

    Comentario por Mariel | 18 febrero, 2009


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