Mariel en rose

mi vida como mujer…

Mis años de pesadilla heterosexual (3)

Durante los primeros tiempos de casados pude ir superando los momentos más difíciles (a la hora del sexo) haciendo un gran esfuerzo de concentración y apelando fuertemente a mi imaginación.

Nuestros encuentros íntimos eran (inclusive desde los primeros tiempos) muy espaciados. Y siempre intentaba estirar lo más posible los tiempos entre uno y otro. Una vez que veía que era inevitable, agradecía que tuviera indicios o reclamos concretos de ella para hacerlo. Eso me daba, al menos, la oportunidad de prepararme mental y anímicamente con cierto tiempo de anticipación.

Durante el tiempo que me quedaba disponible, imaginaba escenas eróticas que aplicaría en su máxima expresión en el momento mismo de estar con mi ex en la cama. Generalmente jugaba con la idea de que los papeles eran inversos. Es decir, que yo era la mujer y que el hombre era ella. Aunque parezca algo absurdo, me dió resultado durante un buen tiempo.

Insistí mucho para tener sexo anal, porque de esa manera podía hacer más realista (si eso fuera posible) mis juegos mentales.

Las relaciones sexuales fueron espaciándose paulatinamente. Al principio no podía evitar que fueran una vez por semana (que para una pareja normal sería algo absolutamente preocupante… pero para mí era algo entre una bendición y una tortura).

De a poco el tiempo entre un encuentro y otro se fue estirando y poco más de un año después ya eran cada dos y a veces, cada tres semanas….!!

Vino, milagrosamente, el primer embarazo. Eso me dio la oportunidad de pasar varios meses sin necesidad de pensar en el sexo con ella. Y fue un gran alivio para mi…

Después de nacida mi hija, las cosas siguieron como antes del embarazo. Es decir, cada dos o tres semanas.

Para no aburrirlos, les cuento que en los últimos tiempos de casados, esos períodos habían llegado a estirarse hasta los 3 o 4 meses. Y durante los dos últimos años de casados, hasta 6 meses sin tener sexo.

El problema mayor surgía cuando ella, una vez que estábamos acostados como para dormir, se daba vuelta y comenzaba a acariciarme con la intención de conseguir excitarme. Me tomaba por sorpresa y me ponía sumamente nervioso, lo que empeoraba las cosas porque no podía “prepararme” para la ocasión. Generalmente éste tipo de intentos de ellas terminaban en un fracaso total.

Cuando la imaginación ya no alcanzaba, tuve que comenzar a recurrir a otros métodos: estimularme yo misma acariciando mi ano, introducendo mis dedos con la mano que quedaba más alejada del cuerpo de ella. Inclusive tuve que llegar a procurarme un consolador de dimensiones no demasiado grandes. Me lo introducía poco antes, yendo al baño con cualquier excusa y de tal manera que ella no pudiera notar absolutamente nada. Mientras teníamos sexo, permanentemente constataba que el consolador estuviera bien colocado y que no hubiera peligro de que se saliera… algo que hubiera sido una especie de tragedia familiar…

 

En el resto de nuestra relación matrimonial funcionábamos razonablemente bien. En realidad éramos más amigos que pareja…

 

Pero claro, ésta situación no podía sostenerse eternamente.

Poco después de nacer mi hijo menor, le dije que ya no podía seguir con ella. Que ya no la amaba (ni siquiera en ese momento me atrevía a lastimarla más diciéndole que en realidad, nunca la había amado)

Pocos días después estábamos separados y finalmente, divorciados…

Lo que no conté todavía es cómo manejaba mis deseos femeninos durante todo el tiempo de mi matrimonio. Será dentro de unos días…

8 diciembre, 2008 - Posted by | mi vida como Mariel, sexualidad, travestismo | , , , , , , , , , , , , , , , ,

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