Mariel en rose

mi vida como mujer…

Mis años de pesadilla heterosexual (2)

Como seguramente debía ser, mi ex tomó la inciativa desde el primer momento.

Digo que seguramente debía ser así por dos razones, básicamente:

Porque yo no tenía real interés en tener una relación con una mujer. Sólo ´”debía” intentarlo por la cuestión familiar, especialmente.

Y porque mi forma de ser y mi interioridad femenina me hacía inclinar hacia un tipo de relación en la que yo, sin llegar a ser “subordinada”, dejaría el papel activo, de decisiones y de iniciativa a mi pareja (por supuesto, a ese hombre que esperaba, y aún espero, encontrar).

Mi ex, sin quererlo, tomó ese rol desde el primero al último de los días de nuestra relación.


Ella fue quien se acercó a mí el día en que nos conocimos, quien llevó la conversación ese día y quien sugirió de vernos dos días más tarde para salir…

Fueron casi dos años de noviazgo en los que me fui enredando en una relación que sabía positivamente que jamás funcionaría como debía funcionar. Que no tenía el futuro que se suponía debería tener…

Por algún breve lapso hasta pude dejar algo de lado mis verdaderos sentimientos y “casi” cumplí un decoroso papel como hombre. Pero supongo que se debió a que el clima alrededor mío (de mi familia y la de ella) estaban felices con nuestra relación y eso hizo que yo me sintiera más tranquila en ese sentido.

Pero no duró demasiado y pronto volví a sentir y dejarme llevar por mis verdaderos sentimientos y sensaciones, por las muy fuertes expresiones de mi femineidad que aparecían cada vez con más frecuencia y más fuerza, como rebelándose dentro de mi cuerpo.

Pero el tiempo había pasado y ahora lo que comenzaba a tomar forma en la cabeza de mi ex era algo más que un noviazgo. Y eso se fue transmitiendo a las familias, en especial a la de ella.

Yo pude evitar tener relaciones sexuales durante la mayor parte del noviazgo, pero cuando ya estábamos alrededor del año y medio de tiempo juntos, no me quedó más salida que aceptarlo.

Si bien yo daba diferentes excusas para evitar ésta situación, y más aún la posibilidad del casamiento, ella no estaba dispuesta a dar marcha atrás. Retrocedía un paso, pero al poco tiempo avanzaba dos.


Por supuesto que esa primera experiencia heterosexual no fue nada fácil ni agradable. Por supuesto, no para mí. Pero tampoco para ella.

Desde el momento en que sabía que no tenía escapatoria (no la tenía de una manera digna y que no lastimara a nadie) traté de condicionarme mentalmente como para “simular” ser un hombre.

Me inventaba fantasías que me estimularan. Trataba de acallar mi interior de maneras casi absurdas, como si fuera tan sencillo como apagar la luz apretando una tecla en la pared.


Por supuesto no podía ser más que un fracaso aquel primer momento de intimidad.

Yo no sabía qué decirle y ella lo tomó con cierta tranquilidad, adjudicándolo a mis nervios, etc, etc…

Pasaron cerca de dos meses para que lo intentáramos nuevamente.

Fue algo mejor, aunque si se lo comparara con cualquier hombre heterosexual, seguramente que a lo sumo se podría decir que lo mío fue de mediocre para abajo.


Yo veía que las cosas iban derivando hacia lo que yo tanto temía, y a pesar de poner obstáculos razonables o absurdos, ella seguía firme en su idea de casamiento.

O era que estaba muy enamorada de verdad, o que sus deseos de formar una familia eran demasiado fuertes como para permitirle ver con algo de claridad cómo se presentaban en la realidad las cosas. Creo que ella, si no fuera como creo, debería haber notado ciertos signos o señales que la alertaran. Pero no fue así, o no quiso verlos.


Pero peor era yo, que por cobardía, por miedo a lo que dirían los demás, por miedo a lastimar a todos los que me querían o porque no tuve el valor de decirle que no a ella y derrumbarle así su construcción de la “felicidad”, me dejé llevar hacia la mayor frustración de mi vida (y por otros motivos también la de ella, desde luego).


Y así, llegamos al casamiento. El principio de un período en el que sentí toda la frustración que nunca había imaginado. La tristeza que solía invadirme y que debía ocultar, que me esforzaba por enmascarar detrás de cualquier motivo ficticio. El esfuerzo que yo sentía como casi inhumano por satisfacerla a ella en lo que una mujer espera de un hombre y que era lo que yo necesitaba tanto o más que ella en todo ese tiempo: no sólo el sexo, sino el tener a alguien fuerte y decidido que sea la columna de la pareja.

Ese sentimiento de frustración influía en todo lo demás. En mi voluntad, en la forma de relacionarme con el resto del mundo, en la cuestión laboral, en mi posterior relación con mis hijos, etc…


Sé que no soy ni seré la única persona a la que le pasa o le pasó algo similar. Pero justamente ese es uno de los motivos por lo que hago éste relato en público. Para que quienes estén en una situación como ésta, quienes se den cuenta de que están caminando hacia un tipo de relación que sólo les traerá dolor y frustración se vean reflejados de alguna manera y piensen en lo que van a hacerse a ellos y a los que los rodean y para que intenten cambiar las cosas. Eso espero de corazón…


La imaginación y las fantasías tuvieron un papel importantísimo para poder sobrellevar mínimamente éste período. Pero el esfuerzo fue demasiado grande y el precio, demasiado caro… Y finalmente, todo terminó como sabía que terminaría.

Pero esto se los iré contando dentro de unos días…

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Hola amigos y amigas…

Debido a que Blogger me suprimió los blogs recientemente, estoy reinciando todo otra vez. Por eso no van a encontrar el contenido que había antes en este post. Estoy tratando de reponer lo más que pueda de lo que había y siempre agregando cosas nuevas… También muchas fotos. Les pido disculpas y espero que sigan visitándome. Siempre encontrarán material de su interés y fotos de chicas hermosas…

Un beso grande y los espero. Muchas gracias…!!!!

Mariel

4 diciembre, 2008 - Posted by | mi vida como Mariel, sexualidad, travestismo | , , , , , , , , , , , , , , , ,

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