Mariel en rose

mi vida como mujer…

Descubriendo nuevos placeres…

A medida que crecía nuestra amistad con Silvina y María del Cármen y mi adolescencia avanzaba, paralelamente mis deseos y sensaciones femeninas llegaban a veces a extremos insoportables. No renegaba de ello. Jamás lo hice ni lo haré porque sentirme tan mujer es mi estado natural. Quiero decir que no podía soportar seguir mi vida “normal” delante de todo el mundo y de mi familia. Pero no podía hacer otra cosa. O no me animé a hacer otra cosa. Tampoco se dieron las circunstancias como para animarme a semejante golpe a mis padres…

Pero el deseo femenino se hacía cada vez más perentorio. Cada vez que en casa de las chicas me vestía con las preciosuras que ellas me regalaban o prestaban, el corazón me saltaba dentro del pecho por la alegría y la emoción.

Pero la felicidad no era completa porque los vestidos y la lencería más el delicado maquillaje que aprendí con ellas a utilizar, le pedían a mi cuerpo y a mis hormonas mucho más… y era muy frustrante no poder seguir ese llamado.

Peor era cuando volvía a casa. Necesitaba un consuelo, algo que me retornara a esos momentos con las chicas. Algo que me siguiera manteniendo en ese estado casi hipnótico de las sensaciones de mujer plena.

 

Cuando me vestía de mujer era casi inevitable que tuviera erecciones muy fuertes y persistentes que terminaban dándome fuertes dolores en mis genitales. Es que el sólo roce de las delicadas telas de los vestidos o de la lencería me excitaban hasta lo increíble. Trataba de evitar que las chicas me vieran así, pero había veces que no podía evitarlo y lo notaban. No se enojaban. Nunca se enojaron o se avergonzaron. Al contrario, trataban de tranquilizarme diciéndome que no me preocupara, que ellas comprendían y que no les molestaba.

Yo igual me sonrojaba y trataba de ocultar mi erección colocando mi pene entre las piernas y presionándolo todo lo posible con la bombacha y las pantymedias. 

Llegaba a casa y enseguida empezaba a sentirme inquieta. Al principio, mamá y papá se extrañaban de mi conducta… pero poco a poco se fueron habituando y lo tomaron como algo que podía ser normal porque yo ya estaba en plena adolescencia y eso produce ciertos cambios y reacciones que muchas veces los adultos no entienden y que solamente les queda tratar de acompañar y tolerar. 

Normalmente volvía a casa desde los de mis amigas con la bombacha puesta, con el pene vuelto hacia mi ano y los testículos remitidos al interior de mi cuerpo por la propia presión de la bombacha y el pene hacia atrás.

Trataba de no llamar la atención de mis papás, por eso daba algunas vueltas por la casa haciendo una u otra cosa más o menos habituales. Un poco de mis tareas del colegio o fingiendo que miraba algo en la televisión. Entonces, en cuanto podía, me dirigía a mi cuarto a buscar mi consolador fabricado por mi con un trozo de palo de escoba que guardaba sobre el piso de mi ropero, detrás del cajón de la ropa que estaba más abajo. También me había animado un tiempo antes a comprar un pote de vaselina en la farmacia diciendo que mamá me había mandado a comprarlo.

Me metía rápido en el baño, untaba mi consolador con una fina capa de vaselina y con una urgencia cada vez más insoportable, me bajaba el pantalón y la bombacha, me agachaba para que mi ano quedara más abierto y me introducía el consolador casi violentamente y hasta el fondo… Después de mis primeros suspiros de placer, comenzaba a sacarlo y entrarlo casi de punta a punta (nunca lo medí, pero calculo que medía entre 17 y 20 centímetros de largo). Ese roce en mi ano y la sensación de que me iba llenando por dentro cada vez que me lo enterraba me provocaba un placer que es difícil de describir con palabras. Es más, diría que es imposible. Es que no es el mero hecho de gozar la penetración anal en sí misma. Es todo un conjunto de cosas que se suman al hecho primario. Es el cerrar los ojos e imaginarse que una es poseída de mil maneras diferentes. Generalmente por aquel hombre que nos gusta, que nos mantiene con la piel ardiente apenas asoma cualquier mínimo recuerdo de él. Es sentirse vulnerable y vulnerada. Es gozar en cada milímetro de piel del ano y del cuerpo todo. Es, inclusive, sentir que se está a merced del hombre amado. Es lo que me pasa a mí, que mi deseo es ser un instrumento de placer para mi hombre. Estar siempre disponible para cuando y donde él lo desee. Hacerlo de todas las maneras que él disponga. Inclusive me calienta muchísimo el sólo pensar y desear en ser poseída con cierto grado de agresividad, pero una agresividad (o violencia, si se quiere) que sea producto de su amor por mí. Ser su esclava en el amor. Sumisa. Complaciente.

Todo eso y muchas cosas más son las que se suman y se potencian. Es lo que siente una mujer cuando es penetrada. Especialmente, porque lo conozco muy bien, por el ano.

Pero claro, de a poco mi humilde consolador no me era ya suficiente. No sólo por su tamaño, y en especial por el grosor… sino que sabía o intuía que faltaba algo más. Lógicamente, dirán ustedes, falta el macho que me hiciera sentir todo eso que sentía y mucho más todavía. Pero ante la imposibilidad de ese hombre bien hombre, debía buscar la forma de hallar el consuelo femenino de la manera que pudiera. Y sin pensarlo, casi como una revelación espontánea, entendí que no sólo sentir mi ano dilatarse ante la penetración y todos los sentimientos que me asaltaban en esos momentos era todo lo que podía existir. Sentía que necesitaba sentirme “llena”. Sentir que algo dentro mío quedaba después de haber sido penetrada, amada o violada (según la fantasía que tuviera en cada uno de esos momentos de placer tan íntimo).

Abría el armario del baño y allí estaba aquello que había sido determinante en varios aspectos en mis sensaciones de mujer: la canícula de las enemas. Pero también, esta vez, fui en busca de la manguerita y del recipiente donde se colocaba el líquido para las enemas.

Con la urgencia que reclamaba mi cuerpo, tomé todo… coloqué la manguerita en el extremo de la canícula y en la salida del recipiente. Lo primero que se me ocurrió fue llenarlo con agua caliente agregándole un poquito de agua fría. Eso se asemejaría más a la temperatura de un cuerpo humano, de un hombre.

El recipiente estaba casi lleno. Creo que cargaba un litro, aproximadamente. Me arrodillé frente al inodoro cerrado, me bajé el pantalón y la bombacha. Introduje la canícula dentro del ano y, levantando con una mano el recipiente, con la otra abrí de a poco la valvulita que permitía el paso del agua. Una vez abierta, usé esa mano para sostener la canícula bien adentro en mi ano. El agua tibia comenzó a fluir, constante, abarcativa, incontrolable. Sentía su fluir dentro de mí y la presión que de a poco sentían mis intestinos llenándose. Llegó un momento en que me dolía la panza, pero no cerré la valvulita. Tenía la certeza de que en esa pequeña cuota de dolor residía buena parte del placer. Del mío y de lo que seguramente siente cualquier mujer.

Se terminó toda el agua y sentí que, incluso, se introducía un poco de aire dentro mío. Sentí que no hubiera tenido mucho sentido si enseguida de aplicada la enema me sentaba en el inodoro y expelía todo. Así que tomé mi consolador de palo de escoba. Me quité la canícula e introduje el palo en mi ano para que sirviera, a la vez de elemento placentero, de una especie de tapón para que no escapara el tibio líquido que me había invadido tan placenteramente.

Una vez que tenía el palo bien metido, subí mi bombacha presionándolo todo lo que podía.

 

No tengo idea del tiempo que estuve así, pero llegó un momento en que no pude más y necesité volver a bajarme la bombacha y, una vez sentada en el inodoro, quitarme el consolador. Evacué el agua y todo lo demás con un chorro potente y constante. Sentía que algo del líquido se escurría entre mis testículos y la parte de las piernas que quedaban dentro del orificio del inodoro.

Tan fuerte expelí el líquido, que lancé un gemido… mezcla de dolor y de placer por el desahogo intestinal.

Me sentí por unos momentos, agotada. Sin reacción.

Finalmente, me limpìé con papel higiénico y después me lavé en el bidet, para que no me quedara olor.

Desagoté el inodoro. Tuve que quitarme la bombacha porque se me había manchado. Me volví a poner el pantalón y finalemente, lavé mi bombacha, limpié la canícula y sequé el recipiente para las enemas y lo guardé tal como lo había encontrado en el armario del baño.

Fui a mi dormitorio y extendí la bombacha recién lavada debajo del colchón para que se fuera secando de a poco, al menos hasta poder reaccionar algo de mi reciente y novedosa experiencia y pudiera sacarla a escondidas y llevarla hasta detrás del árbol que daba con el límite de la casa, donde solía poner mi ropa interior femenina para que se secara sin que lo pudiera ver nadie. A ese lugar nunca iba nadie más que yo…

Me cambié la bombacha y me coloqué entre las nalgas un poco de algodón para que absorbiera cualquier posible resto de la enema que no hubiera desalojado del cuerpo en el inodoro. Más adelante descubriría las toallitas femeninas, que me fueron siempre de gran utilidad. Además, dejan un delicado perfume…

Esta fue mi primera experiencia con las enemas, pero no fue la única. Hubo otras más duraderas y más elaboradas. Inclusive con otros elementos que no eran simplemente agua.

Ya les contaré, pero ahora no quiero aburrirlos.
————————————————————————————–

Hola amigos y amigas…

Debido a que Blogger me suprimió los blogs recientemente, estoy reinciando todo otra vez. Por eso no van a encontrar el contenido que había antes en este post. Estoy tratando de reponer lo más que pueda de lo que había y siempre agregando cosas nuevas… También muchas fotos.

Les pido disculpas y espero que sigan visitándome.
Siempre encontrarán material de su interés y fotos de chicas hermosas…

Un beso grande y los espero.
Muchas gracias…!!!!

Mariel

17 octubre, 2008 - Posted by | mi vida como Mariel, sexo anal, travestismo | , , , , , , , , , ,

10 comentarios »

  1. Muy interesante todo lo que cuentas, puede ser de gran ayuda para chicas que estén en tu misma situación. Besos

    Comentario por Popular | 18 octubre, 2008

  2. Qué suerte que te parezca así,Popular…!!
    En cierta forma, ese es el sentido.
    Comencé éste blog con la idea de contar todo lo que me sucedió, lo que me sucede y mis fantasías… En principio, para mi misma. Pero poco tiempo después, a raíz de algunas preguntas que iba recibiendo aquí, también empecé a pensar que podía tener otro fin… el de ser útil a quien lo necesite, al menos en una mínima parte. Ojalá lo consiga… Me haría sentir útil y feliz…

    Un besito muy cariñoso y gracias por tu visita e interés…
    Chaucito
    Mariel

    Comentario por mariel | 18 octubre, 2008

  3. You are jus awesome

    Comentario por marcos | 23 octubre, 2008

  4. Thank you very much, Marcos … and you are very loving.
    I am happy that you visit my blog. I wait you here when you want it.
    A little kiss
    Mariel

    Comentario por mariel | 24 octubre, 2008

  5. Ay Mariel querida!!! Te entiendo tanto que no se como decirlo porque no soy muy buena en esto de escribir. pero todas esas sensaciones las he vivido al menos parecidas y el deseo de sentirte tratada suavemente, estar exitante para el otro y luego penetrada despacito y tomada y que ese hombre estalle dentro tuyo y te deje lo suyo era y es imposible de borrar y lo más facil era soñarlo o acariciarte tu misma con un juguete como los que al bajarte la bombacha podemos usar. Lo hice de mil maneras tantas veces y me senti tan mujer que no puedo contarlo bien.
    De nuevo besitos
    Betty

    Comentario por Betty | 24 octubre, 2008

  6. Cómo que no podés contarlo bien, mi muy querida Betty…
    Si lo contaste de maravillas…!!! Con todo el sentimiento a flor de piel, como debe ser.
    Te quiero mucho, linda Betty…!!!
    Y desde ya que tenés un lugarcito de privilegio aquí, junto a mi y a todos los amigos y amigas de éste rinconcito de la red.

    Un besito muy, pero muy cariñoso…!!
    Mariel

    Comentario por mariel | 25 octubre, 2008

  7. son un par de putas de mirda travestis puta la concha de su
    madre
    hijas de puta
    trolas
    anda y nuestra amista
    anda a cagas con eso

    Comentario por antonella | 10 noviembre, 2008

  8. Se nota que sos muy tolerante, Antonellita…😦

    Que te vaya bien…
    Mariel

    Comentario por mariel | 11 noviembre, 2008

  9. Dándole importancia al importante comentario de Betty, quería comentar mis sensaciones con respecto a tu relato, Mariel.
    Es casi como el desfile de imágenes, que durante el trascurso del texto se convierte en un video de imaginación deseada. Nada más alejado de la intención de ser ofensivo, quiero que sepas lo exitante que fue leerlo, imaginando ser ese hombre de tus deseos, o tal vez el de alguna mujer como vos, que lamentablemente tenemos que “denominar” con esa palabra tan áspera: travesti. No sé por qé siento esto, o porqué la mujer naturamente dotada con el físico de mujer no me llena totalmente, pero sé que debe ser por alguna razón…
    algún día lo sabré.
    Besos

    Comentario por Atreyo | 17 noviembre, 2008

  10. No fuiste ofensivo en lo más mínimo, Atreyo. Todo lo contrario. Sos muy delicado en tu trato y me encanta…🙂
    Lo único que te puedo decir es que no te preguntes por qué sentís lo que sentís. Sólo sentilo. Dejate llevar y acertarás con lo que querés y necesitás.
    Hay determinadas cosas que se pueden razonar hasta determinado lugar, después sólo queda espacio para los sentimentos y las sensaciones.
    Mi dulce amigo… me encantó leerte y espero poder hacerlo muy seguido.
    Te dejo un besotón enorme y hasta prontito…
    Mariel

    Comentario por mariel | 18 noviembre, 2008


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