Mariel en rose

mi vida como mujer…

El placer de sentirme mujer: mi refugio

Esa edad (la de los 12/13 años) fue algo difícil para mi. Supongo que para todos los chicos y todas las chicas de esa edad debe serlo. Es un momento de cambios tanto en lo físico como en lo social. Al menos en los años en que me tocó pasarlo (ahora no sé muy bien cómo es el tema del paso de la escuela primaria a la secundaria), los 12 años marcaban el fin de la etapa primaria, con el consiguiente despegue de la mayoría de los compañeros y compañeras con los que habíamos compartido los últimos 5 años, cada día. Pero no era sólo eso, sino que al año siguiente comenzaba una etapa totalmetne nueva, tanto en el tema de las relaciones, como de los estudios. Se venía el secundario, con toda la carga de incertidumbre que conllevaba.

Dadas las cosas así, me refugié todo lo que pude en mí misma. En las cosas que me hacían sentir mejor y más a gusto.

Conservaba aún las bombachas y las pantymedias que había traído de lo de mis primas. Lo más complicado era el momento en que debía lavarlas y posteriormente, secarlas. En verano eso era menos difícil. Se secaban bastante rápido y en casi cualquier lugar que eligiese para ello.

Usaba las bombachas a diario debajo de mi ropa interior de varón. No las pantys, porque estábamos siempre con shorts debido al calor. Lo que lamentaba era que a la noche tenía que quitármelas porque, debido a las temperaturas tan altas, dormía sin sábanas y corría el riesgo de que me pudieran ver la bombacha debajo del cansoncillo.

Ya la canícula de las enemas no me satisfacía como antes. Por eso comencé a pensar en algún substituto mejor: lo primero que surgió era el palo de escoba. En el fondo de casa había una escoba ya gastada que no sé por qué razón no había ido a parar a la basura. Un día, a la hora de la siesta, tomé el serrucho de papá y corté la parte de la punta redondeada. De un largo de aproximadamente 15 centímetros. Escondí la escoba entre unas plantas que había en una de las esquinas del fondo del terreno. Eran plantas de muchas hojas y quedaría allí sin ser notada durante un tiempo largo. Lavé la sección que había conseguido y la guardé en mi dormitorio, en el espacio que quedaba entre el último cajón del placard y el fondo del mismo. Su diámetro era de más del doble que el de la canícula. Ya sabía que sería imposible poder usarla sin algo que permitiera su deslizamiento de forma más o menos suave. La primera vez que lo usé, intenté con jabón, como había hecho casi siempre hasta ese momento. Conseguí introducírmelo, desde luego, pero el problema era que el jabón, después de un rato, se seca. Eso hacía que al sacármelo me hiciera doler.

Pensé qué sería lo mejor para reemplazar el jabón y lo que primero se me ocurrió fue la manteca y el aceite de cocina.

Los utilicé a ambos y resultaban mucho mejor que el jabón, pero tenía dos inconvenientes: tenía que untar el trozo de palo de escoba en la cocina y, además, la manteca y el aceite manchaban mucho… Debía tener mucho cuidado de no manchar las bombachas porque sentía que era como manchar mis sentimientos, mi ilusión de ser por unos momentos lo que más deseaba.

Cierto día, cierta tarde… mamá había salido a hacer unas compras al centro de la ciudad. Tenía varias horas para estar tranquila y a solas. Estuve dando vueltas por la habitación de mamá y papá, poniéndome alguna ropa de mamá. La que me quedaba mejor. También encontré en el cajoncito de la cómoda donde mamá tenía sus aros y collares, en una cajita que estaba al frente del cajón, los cosméticos. Por supuesto lo primero que tomé fue uno de sus lápices de labios. Fue la primera vez que sentí el sabor y el aroma de esos lápices. Me miraba al espejo fascinada y feliz. Emocionada.

También encontré un potecito que en principio no sabía qué era. Lo abrí y me di cuenta que era una especie de pomada que mamá me ponía a veces, cuando estaba muy resfriada, bajo los orificios de la nariz que se me paspaban de tanto sonármela. Lo toqué, lo palpé y enseguida imaginé que podría servirme en reemplazo de la manteca o del aceite.

Era un pote de vaselina sólida. Busqué el palo de escoba y lo unté cuidadosamente. Después me subí la falda de mamá, con mucho cuidado para no mancharla y que eso me delatara. Me bajé la bombacha hasta las rodillas, después me incliné frente al espejo grande del ropero de mamá y papá. Con la mano izquierda mantenía la pollera alta y en la derecha tenía el palo untado de vaselina. Puse la punta a la entrada de mi ano y de tal forma que podía ver todo por el espejo. Presioné un poco y comenzó a entrarme. Fácilmente, aunque con un poquito de dolor porque aún no me acostumbraba a su medida. Pero creo que ese dolorcito era gran parte del placer que experimentaba. No creo. En realidad estoy segurísima.

Una vez que entraba todo lo que podía, me subía la bombacha de tal forma que se introdujera la entrepierna entre mis nalgas. Eso hacía que el palo quedara más sujeto y no se saliera fácilmente. Me bajé la falda y así me quedé todo el tiempo que pude, hasta la hora en que calculaba que podía volver mamá. Con esa sensación tan placentera y con mis labios pintados, me sentía realmente espléndida. Notaba una sensibilidad mayor y muy diferente a la habitual. Una sensación única.

Sentirme así hizo que surgiera el impulso fuerte de buscar más entre la ropa de mamá. Me probé alguna otra cosa, como un vestido muy suave  que, aunque me quedaba evidentemente grande, me hacía feliz sentirlo sobre la piel.

Después ví los zapatos de taco alto. También me los probé. Por supuesto, también me quedaban grandes, pero ¿cómo podría resistir la tentación de ponérmelos y dar los primeros pasos inseguros, pero tan excitantes?

Fueron 3 o 4 horas muy intensas. De muchas emociones dulces y fuertes. Algo apurada, porque no me había fijado demasiado en el tiempo que estuve allí, empecé a ordenar todo lo que había sacado de su lugar. Siempre fuí bastante prolija cuando me lo propuse, así que con cuidado, todo quedó en orden.

Cuando volvió mamá, seguía con la bombacha puesta y el palo dentro mío. Me había puesto uno de los shorts que sabía que me cubrirían mejor y así estuve hasta la noche, en que me fui a dormir. En el baño me quité la bombacha y saqué de mi el palo. Primero lo limpié con papel higiénico y después lo lavé bien con agua y jabón. Puse cada una de las cosas en sendas bolsas de nylon y las guardé como siempre, detrás del cajón del placard.

Me dormí tarde. En el ano persistía un dulce ardor por tantas horas con mi consolador casero colocado. Las sensaciones perduraban y me producían una ansiedad que hacía difícil alcanzar el sueño.  Es que, en realidad, era otro sueño el que me desvelaba. Aquel que lamentablemente, la naturaleza me había negado y yo no me animaría a concretar en la vida real: ser mujer.

———————————————————–

Hola amigos y amigas…

Debido a que Blogger me suprimió los blogs recientemente, estoy reinciando todo otra vez. Por eso no van a encontrar el contenido que había antes en este post. Estoy tratando de reponer lo más que pueda de lo que había y siempre agregando cosas nuevas… También muchas fotos.

Les pido disculpas y espero que sigan visitándome.
Siempre encontrarán material de su interés y fotos de chicas hermosas…

Un beso grande y los espero.
Muchas gracias…!!!!

Mariel

10 octubre, 2008 - Posted by | mi vida como Mariel, sexualidad, travestismo | , , , , , , , , , ,

2 comentarios »

  1. porque no buscas pareja eee

    Comentario por max | 12 octubre, 2008

  2. Hola Max… (creo que no sos el Max de hace unos días, no?)

    No quiero hacerlo muy largo, pero podrás encontrar una orientación del por qué yendo a mis primeros posts…

    Muchas gracias por estar aquí…!!
    Un besito..
    Mariel

    Comentario por mariel | 13 octubre, 2008


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