Mariel en rose

mi vida como mujer…

Intuyendo y descubriendo la sexualidad femenina (mi sexualidad femenina)

Esta es una parte de mi vida que fue fundamental para marcarme por siempre, cuando yo tenía entre 9 y 10 años de edad aproximadamente.

Por supuesto mis sentimientos no eran a toda hora del día. No eran, al menos por ese entonces, una especie de obsesión. Pero sí que cuando comenzaban a aparecer, eran muy fuertes. Tanto que solía aislarme en algún lugar de la casa a dejarme llevar por esa especie de cosquilleo que me iba dominando lenta pero irremediablemente.

Sentía una presión en mis genitales que al poco tiempo se traducía en una erección. Me acariciaba el pene, pero enseguida tenía la necesidad de, al mismo tiempo, acariciarme el ano… e incluso, penetrarme un poco con uno de mis dedos. La sensación (lo juro…!!!) era absolutamente placentera y maravillosa.

A esas alturas, comenzaba a humedecerse mi órgano genital, producto de la excitación. Allí era que debía, sí o sí, dirigirme al baño.

En una oportunidad, ya sin saber cómo conseguir satisfacer la urgencia de ser penetrada (no como lo siente una mujer adulta, sino aún con total inocencia y sin comprender del todo la situación, los sentimientos y las sensaciones), se me vino a la memoria un elemento que sabía que podría cumplir con ese cometido. En aquellos años existía un elemento que se usaba para colocar enemas. No como hoy, que se compran descartables. Era un recipiente de más o menos un litro o litro y medio de capacidad. De él salía una manguerita con un dispositivo en la punta para que encajara una cánula plástica. Esa cánula, a su vez, era la que se introducía en el ano.

Recuerdo que había dos cánulas. Una para niños (más pequeña) y otra para adultos (algo más gruesa y larga). Sin dudarlo, tomé la más larga… me senté en el inodoro y con mi mano izquierda me la introduje despacio, con miedo de que me pudiera lastimar… pero decidida.

Fue algo absolutamente delicioso. Un placer que jamás había experimentado antes y que no me lo olvidaré jamás.

Por instinto, una vez que me la había introducido casi totalmente, comencé a moverla rítmicamente un poco hacia afuera y prontamente, hacia adentro. Al mismo tiempo, acariciaba mi pene con el mismo ritmo e imitando (inversamente) a la cánula y a mi ano.

Ese día tuve mi primera eyaculación importante (o tal vez podría decir, mi primer orgasmo… el que terminó de hacerme entrar en ese universo infinito de las mujeres).

Demás está decir que fueron muchas las ocasiones en que lo repetí, día tras día. Inclusive hasta llegué a usarla con el recipiente y todo. Le ponía un poco de agua y lo elevaba para sentir como iba llenándome lentamente.

Reitero la inocencia de todo esto, ya que a esa edad y por aquellos años, se tenía una información totalmente precaria de lo que era el sexo. Mucho menos el sexo en personas como yo. Era todo un absoluto tabú. Por eso no sabía que en una relación sexual, la mujer podía tener la sensación de plenitud al sentirse “llena”… algo así como lo que yo sentía con el agua entrando a mi cuerpo de esa manera.

Cuando terminaba, lavaba cuidadosamente la cánula y hasta le echaba perfume para que no se sintiera ningún olor si alguien la tomaba en otro momento.

Hubo un día en que creí morir de miedo y vergüenza.

Acababa de lavar la canícula después de usarla. Cuando abría la puerta del placard del baño para ponerla en su lugar, papá abrió la puerta y me vió con los pantalones y el canzoncillo bajos y la cánula en la mano. “¿Qué hacés?, me preguntó entre sorprendido y enojado (pero a su vez, según deduzco hoy, atemorizado). Ni recuerdo qué le contesté, pero rápidamente coloqué la cánula en el recipiente de las enemas y cerré la puerta del placard. Antes de que me sentara en el indoro, papá me dijo “ojo con lo que hacés en el baño, eh…”

Nunca me volvió a preguntar nada. Tal vez tenía miedo de lo que pudiera descubrir.

Pobre papá…

Con más cuidado, por supuesto, seguí haciéndolo.

Claro, llegó un momento en que la canícula no me satisfacía tanto… pero bueno, eso será otra parte de la historia que ya les iré contando.

 

 

Mientras tanto, yo ya andaría por los doce años y en esas ocasiones a solas, me daba el gran gusto de sentirme una señorita muy hermosa y apetecible para cualquier chico. Me imaginaba más o menos como en la imágen de arriba.

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Hola amigos y amigas…

Debido a que Blogger me suprimió los blogs recientemente, estoy reinciando todo otra vez. Por eso no van a encontrar el contenido que había antes en este post. Estoy tratando de reponer lo más que pueda de lo que había y siempre agregando cosas nuevas… También muchas fotos.

Les pido disculpas y espero que sigan visitándome.
Siempre encontrarán material de su interés y fotos de chicas hermosas…

Un beso grande y los espero.
Muchas gracias…!!!!

Mariel

7 octubre, 2008 - Posted by | mi vida como Mariel, travestismo | , , , , , , , , , , ,

2 comentarios »

  1. Me alegro tanto de volverte a tener por aquí!!!!

    Se te ve preciosa… sigue así.

    Besitos.

    Comentario por Juank | 7 octubre, 2008

  2. Gracias… GRACIAS, mi querido Juank…!!!

    Siempre acompañándome… y halagándome por demás…🙂

    Un besito muy, muy grande…!!!

    Mariel

    Comentario por mariel | 7 octubre, 2008


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