Masoquismo y enemas por placer: ¿respuesta inconciente ante mis estados depresivos?
Me quedé pensando en lo que les comentaba ayer acerca de mis fantasías eróticas, que por lo general tienen mucho de masoquismo, de deseos de ser sumisa, dominada y hasta humillada. Lo que descubrí, o mejor dicho, de lo que tomé conciencia es de que suelen aparecer en los momentos en que yo me siento más vulnerable, triste o deprimida.
Hoy es uno de esos días y automáticamente me sobrevinieron esos pensamientos, esos deseos. Suelen venir acompañados del impulso de aplicarme una enema. Supongo que la enema me produce la sensación de plenitud en un momento, y de liberación y purificación más tarde. (…)
(…) Justamente en estos momentos me siento bastante mal, triste y vulnerable. Y creo que el deseo de ser sometida y dominada significa que quisiera saber, quisiera sentir la seguridad de que hay alguien a quien le intereso, aunque más no sea para doblegarme, usarme y hasta castigarme. Someterme a los deseos de alguien que me demuestre ser fuerte, que me imponga reglas.(…)
Las fantasías masoquistas dominan mi subconciente y no sé por qué…
Siempre me pregunté por qué será que casi invariablemente, mis fantasías eróticas son siempre con un toque de masoquismo. A veces leve, pero en muchas otras oportunidades, muy fuertes…
En mi vida cotidiana no soy así. No tengo esos pensamientos ni tendencias.
Creo que podría llegar a concretar ese tipo de fantasía con alguien en quien tuviera una absoluta confianza, con alguien que yo pudiera sentir la seguridad de que no se extralimitaría en cumplir el papel de dominante, de dominador.
Sé que una no puede estar segura de ello, sino hasta que puede ser muy
tarde… porque una vez que estuviera atada y amordazada, ya no tendría el más mínimo control de la situación y estaría a su total voluntad…
Como dije en algunas oportunidades, en mis fantasías me encantaría una dosis de rudeza por parte de mi hombre. Ser dominada, sumisa, obediente, humillada y hasta esclava sexual… Inclusive encontraría placer en algo de castigo físico.
Sé que ésto es habitualmente considerado como una enfermedad, una desviación sexual o cosa peor… Pero es lo que domina mis fantasías y no lo puedo evitar. Y queda sólo en eso, en fantasías… al menos de momento.
No es que me preocupe, pero sí me interesaría saber por qué es que aparecen éste tipo de fantasías (o en realidades, en muchas personas), cual es el orígen, la razón, etc…
A lo mejor ustedes pueden decirme qué opinan y si tienen algún tipo de fantasía semejante: masoquista, sádica o sadomasoquista… Me interesaría conocer su opinión y/o experiencias al respecto.
De todas formas, trataré de encontrar algún material que sea lo más serio posible sobre el tema y sobre otras cuestiones sexuales de las tildadas como “anormalidades” o cosa similar.
Les dejo ahora algunas imágenes mías que representan parte de las fantasías que les comento. Ya les dejé un wallpaper mío con la temática esta. Lo mismo sucede con el relato erótico que estoy por terminar de publicar y
con el que publiqué en mi anterior blog y que estoy tratando de completar, porque perdí una de las partes (los que estuvieron conmigo desde aquel entonces, recordarán que el relato se llamaba “Educando a Mariel)
Bueno, sólo quería compartir éste razonamiento… o duda, o inquietud. Como deseen denominarlo.
Un besito a todas y todos…
Mariel
Todo lo que necesitas saber sobre el sexo anal. Vívelo, siéntelo y practícalo sin riesgos
(Para parejas homosexuales y heterosexuales)
Es muy probable que, hayan tenido o no su primera experiencia con el sexo anal, conozcan o intuyan todas o muchas de las cosas que dice en el pequeño resúmen de consejos que encontré en la red. De todas formas, nunca está de más repasarlas…
Un besito…
Mariel
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Todo lo que necesitas saber sobre el sexo anal. Vívelo, siéntelo y practícalo sin riesgos
Aproximadamente el 40% de las parejas heterosexuales lo han intentado al menos una vez. El ano, al igual que la vagina, tiene terminaciones nerviosas sensibles. Tanto los hombres como las mujeres heterosexuales, aunque a veces creen que estas inclinaciones indican una tendencia homosexual, a menudo disfrutan con algún tipo de masaje anal. Algunos hombres y mujeres consideran que la práctica del coito anal es algo aventurero y divertido, mientras que otros lo miran como algo sucio, perverso y doloroso.
Esta práctica sexual requiere grandes dosis de mutua confianza, lubricación, capacidad de comunicación y paciencia por parte del hombre, que no puede moverse tan enérgicamente como lo haría durante el coito vaginal porque corre el riesgo de dañar tejidos muy delicados. (…)
Consideraciones a tener en cuenta
(…)
En ocasiones hay resistencias o negativas a hacerlo por el dolor, otras por preceptos morales o religiosos, o porque no resulta placentero. Una de las causas de disgusto, en ambos, puede ser la presencia de materia fecal al retirar el pene. Algunos pacientes homosexuales refieren que utilizan enemas previas para limpiar la zona, pero este método no es de muy frecuente uso.
Para muchas parejas heterosexuales el sexo anal puede ser una alternativa que produzca grandes satisfacciones eróticas y sexuales. No obstante, debido sobre todo a que se le ha considerado un “tabú”, son muchas las preguntas que genera y algunas las precauciones que exige. Saberlas nunca está de más. (…)
Precauciones
Entre las medidas preventivas más evidentes, existe la del preservativo. Aunque su uso está extendido en las relaciones de tipo vaginal (todo el mundo conoce los riesgos que comporta no usarlo, Sida y enfermedades de transmisión sexual), no sucede lo mismo en cuanto al anal. (…)
A ello, sería recomendable añadir otras precauciones que nunca deben parecer innecesarias. La más importante: tras haber practicado el sexo anal no debe pasarse NUNCA al sexo vaginal directamente.(…)
(…) Por otra parte, no está de más tener en cuenta como medida la necesidad de que el hombre no sea brusco con su pareja que, para poder ser penetrada, debe estar muy excitada o excitado si en su caso se trata de una pareja homosexual. Si no se la excita adecuadamente, sobre todo en el esfínter anal, le puede resultar doloroso y molesto además de provocarle desgarres y lesiones importantes.(…)
Algunas alternativas al coito anal
(…)
LEER EL ARTÍCULO COMPLETO AQUÍ…
Descubriendo nuevos placeres…
A medida que crecía nuestra amistad con Silvina y María del Cármen y mi adolescencia avanzaba, paralelamente mis deseos y sensaciones femeninas llegaban a veces a extremos insoportables. No renegaba de ello. Jamás lo hice ni lo haré porque sentirme tan mujer es mi estado natural. Quiero decir que no podía soportar seguir mi vida “normal” delante de todo el mundo y de mi familia. Pero no podía hacer otra cosa. O no me animé a hacer otra cosa. Tampoco se dieron las circunstancias como para animarme a semejante golpe a mis padres…
Pero el deseo femenino se hacía cada vez más perentorio. Cada vez que en casa de las chicas me vestía con las preciosuras que ellas me regalaban o prestaban, el corazón me saltaba dentro del pecho por la alegría y la emoción.
Pero la felicidad no era completa porque los vestidos y la lencería más el delicado maquillaje que aprendí con ellas a utilizar, le pedían a mi cuerpo y a mis hormonas mucho más… y era muy frustrante no poder seguir ese llamado.
Peor era cuando volvía a casa. Necesitaba un consuelo, algo que me retornara a esos momentos con las chicas. Algo que me siguiera manteniendo en ese estado casi hipnótico de las sensaciones de mujer plena.
Cuando me vestía de mujer era casi inevitable que tuviera erecciones muy fuertes y persistentes que terminaban dándome fuertes dolores en mis genitales. Es que el sólo roce de las delicadas telas de los vestidos o de la lencería me excitaban hasta lo increíble. Trataba de evitar que las chicas me vieran así, pero había veces que no podía evitarlo y lo notaban. No se enojaban. Nunca se enojaron o se avergonzaron. Al contrario, trataban de tranquilizarme diciéndome que no me preocupara, que ellas comprendían y que no les molestaba.
Yo igual me sonrojaba y trataba de ocultar mi erección colocando mi pene entre las piernas y presionándolo todo lo posible con la bombacha y las pantymedias.
Llegaba a casa y enseguida empezaba a sentirme inquieta. Al principio, mamá y papá se extrañaban de mi conducta… pero poco a poco se fueron habituando y lo tomaron como algo que podía ser normal porque yo ya estaba en plena adolescencia y eso produce ciertos cambios y reacciones que muchas veces los adultos no entienden y que solamente les queda tratar de acompañar y tolerar.
Normalmente volvía a casa desde los de mis amigas con la bombacha puesta, con el pene vuelto hacia mi ano y los testículos remitidos al interior de mi cuerpo por la propia presión de la bombacha y el pene hacia atrás.
Trataba de no llamar la atención de mis papás, por eso daba algunas vueltas por la casa haciendo una u otra cosa más o menos habituales. Un poco de mis tareas del colegio o fingiendo que miraba algo en la televisión. Entonces, en cuanto podía, me dirigía a mi cuarto a buscar mi consolador fabricado por mi con un trozo de palo de escoba que guardaba sobre el piso de mi ropero, detrás del cajón de la ropa que estaba más abajo. También me había animado un tiempo antes a comprar un pote de vaselina en la farmacia diciendo que mamá me había mandado a comprarlo.
Me metía rápido en el baño, untaba mi consolador con una fina capa de vaselina y con una urgencia cada vez más insoportable, me bajaba el pantalón y la bombacha, me agachaba para que mi ano quedara más abierto y me introducía el consolador casi violentamente y hasta el fondo… Después de mis primeros suspiros de placer, comenzaba a sacarlo y entrarlo casi de punta a punta (nunca lo medí, pero calculo que medía entre 17 y 20 centímetros de largo). Ese roce en mi ano y la sensación de que me iba llenando por dentro cada vez que me lo enterraba me provocaba un placer que es difícil de describir con palabras. Es más, diría que es imposible. Es que no es el mero hecho de gozar la penetración anal en sí misma. Es todo un conjunto de cosas que se suman al hecho primario. Es el cerrar los ojos e imaginarse que una es poseída de mil maneras diferentes. Generalmente por aquel hombre que nos gusta, que nos mantiene con la piel ardiente apenas asoma cualquier mínimo recuerdo de él. Es sentirse vulnerable y vulnerada. Es gozar en cada milímetro de piel del ano y del cuerpo todo. Es, inclusive, sentir que se está a merced del hombre amado. Es lo que me pasa a mí, que mi deseo es ser un instrumento de placer para mi hombre. Estar siempre disponible para cuando y donde él lo desee. Hacerlo de todas las maneras que él disponga. Inclusive me calienta muchísimo el sólo pensar y desear en ser poseída con cierto grado de agresividad, pero una agresividad (o violencia, si se quiere) que sea producto de su amor por mí. Ser su esclava en el amor. Sumisa. Complaciente.
Todo eso y muchas cosas más son las que se suman y se potencian. Es lo que siente una mujer cuando es penetrada. Especialmente, porque lo conozco muy bien, por el ano.
Pero claro, de a poco mi humilde consolador no me era ya suficiente. No sólo por su tamaño, y en especial por el grosor… sino que sabía o intuía que faltaba algo más. Lógicamente, dirán ustedes, falta el macho que me hiciera sentir todo eso que sentía y mucho más todavía. Pero ante la imposibilidad de ese hombre bien hombre, debía buscar la forma de hallar el consuelo femenino de la manera que pudiera. Y sin pensarlo, casi como una revelación espontánea, entendí que no sólo sentir mi ano dilatarse ante la penetración y todos los sentimientos que me asaltaban en esos momentos era todo lo que podía existir. Sentía que necesitaba sentirme “llena”. Sentir que algo dentro mío quedaba después de haber sido penetrada, amada o violada (según la fantasía que tuviera en cada uno de esos momentos de placer tan íntimo).
Abría el armario del baño y allí estaba aquello que había sido determinante en varios aspectos en mis sensaciones de mujer: la canícula de las enemas. Pero también, esta vez, fui en busca de la manguerita y del recipiente donde se colocaba el líquido para las enemas.
Con la urgencia que reclamaba mi cuerpo, tomé todo… coloqué la manguerita en el extremo de la canícula y en la salida del recipiente. Lo primero que se me ocurrió fue llenarlo con agua caliente agregándole un poquito de agua fría. Eso se asemejaría más a la temperatura de un cuerpo humano, de un hombre.
El recipiente estaba casi lleno. Creo que cargaba un litro, aproximadamente. Me arrodillé frente al inodoro cerrado, me bajé el pantalón y la bombacha. Introduje la canícula dentro del ano y, levantando con una mano el recipiente, con la otra abrí de a poco la valvulita que permitía el paso del agua. Una vez abierta, usé esa mano para sostener la canícula bien adentro en mi ano. El agua tibia comenzó a fluir, constante, abarcativa, incontrolable. Sentía su fluir dentro de mí y la presión que de a poco sentían mis intestinos llenándose. Llegó un momento en que me dolía la panza, pero no cerré la valvulita. Tenía la certeza de que en esa pequeña cuota de dolor residía buena parte del placer. Del mío y de lo que seguramente siente cualquier mujer.
Se terminó toda el agua y sentí que, incluso, se introducía un poco de aire dentro mío. Sentí que no hubiera tenido mucho sentido si enseguida de aplicada la enema me sentaba en el inodoro y expelía todo. Así que tomé mi consolador de palo de escoba. Me quité la canícula e introduje el palo en mi ano para que sirviera, a la vez de elemento placentero, de una especie de tapón para que no escapara el tibio líquido que me había invadido tan placenteramente.
Una vez que tenía el palo bien metido, subí mi bombacha presionándolo todo lo que podía.
No tengo idea del tiempo que estuve así, pero llegó un momento en que no pude más y necesité volver a bajarme la bombacha y, una vez sentada en el inodoro, quitarme el consolador. Evacué el agua y todo lo demás con un chorro potente y constante. Sentía que algo del líquido se escurría entre mis testículos y la parte de las piernas que quedaban dentro del orificio del inodoro.
Tan fuerte expelí el líquido, que lancé un gemido… mezcla de dolor y de placer por el desahogo intestinal.
Me sentí por unos momentos, agotada. Sin reacción.
Finalmente, me limpìé con papel higiénico y después me lavé en el bidet, para que no me quedara olor.
Desagoté el inodoro. Tuve que quitarme la bombacha porque se me había manchado. Me volví a poner el pantalón y finalemente, lavé mi bombacha, limpié la canícula y sequé el recipiente para las enemas y lo guardé tal como lo había encontrado en el armario del baño.
Fui a mi dormitorio y extendí la bombacha recién lavada debajo del colchón para que se fuera secando de a poco, al menos hasta poder reaccionar algo de mi reciente y novedosa experiencia y pudiera sacarla a escondidas y llevarla hasta detrás del árbol que daba con el límite de la casa, donde solía poner mi ropa interior femenina para que se secara sin que lo pudiera ver nadie. A ese lugar nunca iba nadie más que yo…
Me cambié la bombacha y me coloqué entre las nalgas un poco de algodón para que absorbiera cualquier posible resto de la enema que no hubiera desalojado del cuerpo en el inodoro. Más adelante descubriría las toallitas femeninas, que me fueron siempre de gran utilidad. Además, dejan un delicado perfume…
Esta fue mi primera experiencia con las enemas, pero no fue la única. Hubo otras más duraderas y más elaboradas. Inclusive con otros elementos que no eran simplemente agua.
Ya les contaré, pero ahora no quiero aburrirlos.
(Este es un post que había publicado en el blog que me eliminaron hace poco)
Consejos para elegir un buen juguete sexual – Glosario sexual
CONSEJOS PRÁCTICOS
Sabemos que no eres un experto/a (de momento) por eso es interesante que te leas estos consejos para sacarle el mayor partido a tu juguete y evitar sorpresas.
¿Te confundes con los nombres? Hay más variedad de lo que te creías ¿verdad? No te preocupes, aquí te presentamos un pequeño glosario para que sepas ponerle etiqueta a lo que buscas.
La diferencia fundamental entre los dildos (o consoladores) y los vibradores, es que aquellos no vibran. Aquí no hay pilas que valgan amiguitos, el ritmo y la velocidad está en tus manos (y las de tu pareja).
En principio los dildos están diseñados para la penetración, pero evidentemente, las reglas las pones tú. Nosotros te recomendamos para romper el hielo y que te vayas familiarizando con nuestro nuevo amigo, que empieces por acariciarte y frotarte con él por donde más te apetezca, antes de empezar con lo temas más serios (y placenteros).
Bolas
Esta opción es la preferida por novatos y expertas en juegos anales. Pueden estar hechas de materias suaves como la gelatina o más duros como el metal, pero todas lo conforman del orden de 5 a 10 esferas unidas por un cordel o plástico flexible. Para usarlas, introduce suavemente la cuerda, bola a bola y déjalas ahí mientras te vienes, al momento de mayor excitación, las sacas de un solo jalón o una a una Será E S P E C T A C U L A R . No te olvides de usar abundante lubricante.
Hora de decidir
Ya tienes claro qué es cada juguete y para qué sirve, ahora tan sólo tienes que decidirte por uno (o varios).
Vibradores y consoladores, bolas y estimuladores, disfraces? ¿no sabes por donde empezar? No te preocupes, nosotros podemos ayudarte al elegir lo que necesitas.
Antes de sumergirte en el maravilloso mundo de la juguetería debes preguntarte que es lo que te realmente despierta tus fantasías más excitantes, es decir, cómo eres y qué te gusta.
¿Vibrador o consolador?
Es la pregunta del millón y la respuesta la tienes tú. Te damos algunas pistas para ayudarte en tu decisión.
Los vibradores sirven para estimular los genitales externos, mientras que los consoladores son preferentemente para la penetración, aunque también puedes usar los vibradores para esto. Los consoladores son por lo general más largos y finos, lo mejor para contonearse con ellos; los vibradores por otra parte vienen en diversos tamaños y formas: grandes y rugosos, con forma de huevo, de lengua, de caramelo?
El tamaño… ¿importa?
Cuando piensas en el tamaño de un pene tiendes a irte a la longitud. Lo mismo sucede con los consoladores o los vibradores con cabeza de pene. Pero recuerda que con incluso el consolador más largo no necesitas metértelo hasta el fondo, todo depende de cómo lo maneje tu pareja.
Lo que importa es el diámetro. Aquí puedes elegir el diámetro ideal – un lujo que no tiene el pene de tu pareja -. Puedes conseguir una enorme penetración deliciosamente satisfactoria o desagradable e incluso dolorosa. Para saber tu diámetro apropiado vete al a sección de frutas y hortalizas del súper mercado y mete en el carrito uno o varios pepinos, un calabacín mediano y alguna zanahoria pequeña. Lávalos bien, ponles un condón y un poco de lubricante y a jugar.
Aprende a conocerte
Al final tus deseos serán los que te guíen, pero vigila los mensajes que te lance tu cuerpo. Si por ejemplo el látex o la goma te provocan reacción, tu piel te avisará con puntos, algo de picor, etc. No te preocupes, no pasa nada, sólo es un síntoma para avisarte de que no debes utilizar ningún producto hecho con ese material.
Consejos – Preparación del ano para la penetración: lubricación, distensión e inicio de la penetración
Lubricación
Contrariamente a la vulva y la vagina, el ano y el recto no segregan lubricación natural que facilite la relación sexual. Tampoco estos músculos tienen una elasticidad que les permitan dilatarse naturalmente. Por ello, la penetración anal debe ser practicada con sumo cuidado, para evitar la propensión existente a los desgarros y fisuras anales. Por este motivo, cuando se practica sexo anal, suele acudirse a algún lubricante para facilitar la penetración. En cuanto a los lubricantes naturales, son muy frecuentes (…)
Relajación del músculo del ano y dilatación del esfínter
Como normalmente el músculo del ano se encuentra cerrado, el sexo anal podría ser doloroso si previamente no se tiene la precaución de distender este músculo (una buena manera sería la realización de juegos sexuales). Se recomienda dilatar o “ablandar” el esfínter anal previamente (…)
Inicio de la penetración
Para reducir las sensaciones de dolor es importante realizar la inserción del pene o del objeto de forma paulatina, lo que permitirá que se produzca una dilatación y adaptación gradual de los músculos. En ocasiones ayuda empujar ligeramente (…)
Placer en la fase de penetración
En el coito anal o pedicación la mujer obtiene en gran medida su placer al ser estimulado el útero, el cual frecuentemente es poco estimulado en el coito vaginal. El hombre lo obtiene a través de la estimulación de su próstata.
La penetración anal exige generalmente la elección de un ángulo apropiado, pues el ano es más apretado y menos flexible que la vagina. (…)
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Diccionario del sexo anal
Bolitas anales (o thailandesas): variante de las bolas chinas que tienen menos tamaño que las vaginales y están especialmente indicadas para estimular el ano. Pueden servir para “educar” el esfínter de cara a futuros coitos anales, sí, pero también para complementar la penetración vaginal o el cunnilingus, sacándolas en el momento del clímax.Especialmente recomendables son las Flexi felix, cinco bolitas unidas por un cordel de silicona (material no poroso) que, metidas de golpe con lubricante y sacadas poco a poco pueden hacer tocar el cielo a los amantes más sibaritas.
Como siempre, la Iglesia no tiene en cuenta el hecho de que la sexualidad humana va más allá de la reproducción y que el coito anal es un juego sexual practicado desde hace millones de años, por reptiles y otras especies, mucho antes de la (relativamente tardía) aparición de las vaginas. En la actualidad, muchas razas de perros, simios y humanos la practican con fruición.
Dedo: instrumento de carne y hueso que, entre otras cosas, sirve para estimular y dilatar el ano. Penes aparte, el sexo anal puede disfrutarse usando uno o varios dedos que se introduce/n en el culo masculino o femenino durante el juego sexual o el coito. En este sentido, se recomienda empapar bien el dedo en saliva o lubricante, introducirlo lentamente y agitarlo con suaves movimientos circulares en las profundidades del recto. Sin rascar.
El acto sexual anal también se usa para expresar distintos actos no sexuales, como la coba o adulación excesiva (”lamer el culo a”), el esfuerzo insistente por agradar o conseguir algo (”perder el culo por”) o, todo lo contrario, rechazar radicalmente a una persona (”mandar a tomar por el culo”).
Si no se hace gradualmente, el músculo no estará distendido y él o ella verá las estrellas, arriesgándose a sufrir un desgarro de muy desagradables consecuencias y mucha vergüenza en la pulcra mesa del doctor.
En cuanto al interior, es recomendable “hacer de vientre” antes de entrar en materia y, si los amantes son muy escrupulosos, se puede recurrir a una lavativa para no encontrarse con sorpresas en el espacio interior. (Véase “Lavativa”). La higiene es más importante para la mujer (que, siempre intentando aparecer pulcra y bienoliente, se suele abochornar si el pene sale sucio de su orificio), que para el hombre que, por regla general, tiene menos escrúpulos en la cama y en cualquier otro lugar.
Hombre: individuo que se halla en posesión de un pene. Aunque no es imprescindible, resulta bastante útil para practicar sexo anal ya que, por su textura y peculiaridades, los penes son ideales para la penetración anal (salvo que sean demasiado gruesos, claro).No hay que olvidar, en ningún caso, que la sodomía también puede ser practicada entre señoritas, utilizando consoladores o un arnés con pene postizo incorporado. De esta misma manera, es posible cambiar los papeles y que una mujer acabe enculando a un hombre para gran satisfacción de ambas partes.
Cuando la lavativa se convierte en un fin en sí misma, o sea, cuando lo que da placer es poner y/o ponerse un enema, se puede hablar de clismafilia, una parafilia que consiste en usar la lavativa mientras se practican juegos sexuales.
El lubricante puede ser natural (saliva, semen, flujos vaginales, etc.) o artificial. Este último puede ser de base acuosa, que tiene la ventaja de irritar menos la carne del esfínter, o de silicona, que tiene la ventaja de durar más y lubricar mejor la zona.
Hay decenas en el mercado; por ejemplo, Bioglide, que ofrece dilatación extra, es hipoalergénico, 100% biológico, no mancha ni huele y es compatible con el condón.
La cultura popular moderna, particularmente la nueva ola de series desprendidas y liberales como Sexo en Nueva York y Mujeres desesperadas indican que, para que no pierdan la cabeza ni se vayan por ahí a buscar otra con la que hacerlo, lo mejor es dejarles probar. En un capítulo de esta última, el personaje de Eva Longoria le decía a una amiga que sí, que al hombre había que darle sexo anal para convencerlo de que le habías entregado esa parte de ti, pero que luego no era necesario repetir la experiencia, ni él tampoco insistiría mucho.
Esta teoría coincide con los porcentajes: el 40% lo prueba, pero sólo el 10% repite habitualemente. Insistimos: eso es que la primera vez se hizo sin experiencia, sin tacto o sin manual.
Pasado el primer trago, el resto es sencillo: coger un buen ritmo entre ambos amantes y dejarse llevar por el instinto.
Para estimular el perineo masculino hay que pulsar de forma intermitente, durante un segundo, justo detrás del escroto. Este ejercicio funciona aún mejor si se compagina con sexo oral.
Por eso es mejor hacerlo relajado, con alguien de confianza y con mucho cuidado. Y, de hacerlo en un portal con un desconocido y sin lubricante, lo mejor es ponerse un par de condones por si las moscas. Sobre todo si se trata de un acto entre caballeros.
La doctora Patricia Smith, experta en sexología, afirma que “la zona anal sigue siendo la región tabú del cuerpo masculino. Pese a ser muy erótica y contar con gran cantidad de receptores que la hacen muy sensible, muchos hombres no permiten que la mujer estimule su ano”. La causa de este tabú reside en el mito del macho activo que, sobre todo en los países latinos, es indestructible, así como el temor casi supersticioso de los hombres heteros a realizar cualquier tipo de práctica que roce la homosexualidad.
Es como un regalo especial que muchas chicas quieren entregar al amor de su vida y, mientras tanto, no se aburren. En razas como la gitana, donde la tradición le otorga al marido el derecho de exigir pruebas de la virginidad de la mujer, es importante mantener intacto el himen. Pero al esfínter, por suerte, no se le puede hacer la prueba del algodón.






