¿Salir del “closet” implica rechazo, soledad y destino de prostitución?
Puedo decir que nunca estuve enamorada de un hombre real. No de un hombre en particular; con un rostro que pudiera identificar.
Creo que soy de aquellas personas que siempre me parecieron demasiado light o cursis, esas que suelen decir que están “enamoradas del amor”… Porque lo real es que siento una necesidad imperiosa de amar a un hombre y que me ame. De sentirme suya para siempre. Soy (aunque en mi vida real deba disimularlo mucho) una romántica incorregible.
Supongo que nunca puse un rostro, unas manos o un cuerpo de hombre a mis deseos amorosos para crear así, una especie de coraza que me protegiera.
Sí, porque si hubiera llegado a enamorarme de un hombre tangible, real, hubiese tenido que tomar una decisión drástica. Tendría que haber optado por el camino de decir quién soy en realidad, o por intentar enterrar para siempre mi verdadera personalidad. Pero enterrarla de tal forma que ni yo misma pudiera volver a encontrarla jamás. Algo que, evidentemente, es imposible…
El sufrimiento se hubiera multiplicado exponencialmente. Tener “el objeto” de mi amor y mi deseo al alcance de la mano y no alcanzarlo, hubiera sido demoledor para mí… Esa es la cuestión central, creo yo.
Soy sumamente fantasiosa, especialmente en cuanto al sexo y al amor. Hice el amor cientos de veces, miles de veces con hombres que imaginaba absolutamente románticos a veces. Fuertes y contenedores, en otras ocasiones.
Dominantes y dominadores en muchas otras ocasiones y donde yo jugaba (y juego) el papel de mujer sumisa.
Y montones de visiones diferentes de hombres que por una u otra razón me atraen… pero siempre (indefectiblemente) son hombres sin rostro. O con rostros inventados…
Sólo por unos días…
Estos últimos tiempos fueron bastante agitados para mi. Por varias razones que no tiene mucho sentido comentar. Son cuestiones personales, más que nada.
También, aunque no lo parezca, el blog me llevó mucho tiempo diario… a lo que se suma, afortunadamente, una cantidad de amigos/as que se comunican conmigo por correo y a quienes debo corresponder.
Por esto es que necesito descansar unos días. No es que abandone todo, pero sí necesito unos días de otro tipo de cosas en mi vida, especialmente en lo íntimo, en lo esencial. Más que físico, es anímico…
Voy a estar algunos días (supongo que una semana o 10 días, aproximadamente) en que no me verán tan seguido. Seguramente pasaré para responder algún comentario… o, tal vez, para obsequiarles con algunas fotos de chicas bonitas, o algún artículo que encuentre y que me parezca de interés para algunos o algunas de ustedes.
Seguramente dedicaré algo de mi tiempo libre a hacer cosas que me relajan, como lo que intento en los blogs nuevos que tengo. No sé si tendrá algún valor como para denominarlo “Arte Digital”, pero no se me ocurrió otro nombre.
Los blogs, que tal vez algunos de ustedes ya visitaron, son los dedicados a Marilyn Monroe… y a las actrices del cine clásico, en especial de los años ’50s, ’60s y ’70s.
El primero es “Marilyn Monroe… (Arte Digital)”
El otro… “Classic Movies Stars (Digital Art)”
Será una gran alegría que me visiten por allí..
Pero recuerden, estaré aquí para responder los comentarios que quieran dejar.
Un beso muy grande, cariñoso y agradecido a todas y todos ustedes…
Mariel
Las fantasías masoquistas dominan mi subconciente y no sé por qué…
Siempre me pregunté por qué será que casi invariablemente, mis fantasías eróticas son siempre con un toque de masoquismo. A veces leve, pero en muchas otras oportunidades, muy fuertes…
En mi vida cotidiana no soy así. No tengo esos pensamientos ni tendencias.
Creo que podría llegar a concretar ese tipo de fantasía con alguien en quien tuviera una absoluta confianza, con alguien que yo pudiera sentir la seguridad de que no se extralimitaría en cumplir el papel de dominante, de dominador.
Sé que una no puede estar segura de ello, sino hasta que puede ser muy
tarde… porque una vez que estuviera atada y amordazada, ya no tendría el más mínimo control de la situación y estaría a su total voluntad…
Como dije en algunas oportunidades, en mis fantasías me encantaría una dosis de rudeza por parte de mi hombre. Ser dominada, sumisa, obediente, humillada y hasta esclava sexual… Inclusive encontraría placer en algo de castigo físico.
Sé que ésto es habitualmente considerado como una enfermedad, una desviación sexual o cosa peor… Pero es lo que domina mis fantasías y no lo puedo evitar. Y queda sólo en eso, en fantasías… al menos de momento.
No es que me preocupe, pero sí me interesaría saber por qué es que aparecen éste tipo de fantasías (o en realidades, en muchas personas), cual es el orígen, la razón, etc…
A lo mejor ustedes pueden decirme qué opinan y si tienen algún tipo de fantasía semejante: masoquista, sádica o sadomasoquista… Me interesaría conocer su opinión y/o experiencias al respecto.
De todas formas, trataré de encontrar algún material que sea lo más serio posible sobre el tema y sobre otras cuestiones sexuales de las tildadas como “anormalidades” o cosa similar.
Les dejo ahora algunas imágenes mías que representan parte de las fantasías que les comento. Ya les dejé un wallpaper mío con la temática esta. Lo mismo sucede con el relato erótico que estoy por terminar de publicar y
con el que publiqué en mi anterior blog y que estoy tratando de completar, porque perdí una de las partes (los que estuvieron conmigo desde aquel entonces, recordarán que el relato se llamaba “Educando a Mariel)
Bueno, sólo quería compartir éste razonamiento… o duda, o inquietud. Como deseen denominarlo.
Un besito a todas y todos…
Mariel
Travesti
(Encontré esta reflexión acerca de lo que siginifca ser travesti. En general me parece que es muy acertada, por eso quiero compartirlo con ustedes – Mariel)
Nada mas que prejuicios, dogmas, creencias, imaginerías, nada mas lejano de la realidad que todo aquello que se escribe sobre el travesti.
Tratar de encajonar el concepto es como tratar de definir a los hombres todos como aquel viejo planteamiento, ” el hombre es un bípedo implume.”
Travesti, mas que una actitud o una afición, mas que un concepto o una moda, travesti es una forma de vida.
Y a la vez, lo es todo.
Pero por curioso que sea no es en ningún caso lo importante, lo trascendental, lo magnífico, ni mucho menos lo sublime.
Y no lo es porque en su mas simplista referencia travesti es aquél que usa ropa del sexo opuesto.
Demasiado simple cuando se ha gozado de esta forma de vida, demasiado pueril cuando se conoce en la piel la sensación.
Y demasiado fácil cuando se ha vivido la discriminación y la ofensa.
Tal vez esto sea el opio del espíritu sexual del ser.
Se toca una vez, dos y luego no se puede dejar y por momentos surge un impulso irreprimible por una falda por la sensación por la atracción propia de la imagen en el espejo.
Y le sobreviene la culpa la maldita culpa, esa ingeniería social para reprimir y controlar pero existente, que muerde el alma y duele. Y entonces la negación, el arte de ser diferente que se niega justo en el momento que nace.
La imagen bizarra del espejo, yo, la otra, los dos, las dos ,no se, la imagen que me dice ser y no es, la imagen del espejo que es la imagen por dentro, de la misma persona.
Una confusión total, bizarra como todas.
Un monstruo.
El hermoso monstruo de la libertad en una prenda, en el manejo de la imagen propia, en el cambio a voluntad del ser de su esencia y de su apariencia.
Travesti cuando niño la prenda de la hermana me dice mil canciones al oído.
Travesti, cuando el corazón salta a brincos del pecho tras el hurto del tendedero.
El botín hermoso a solas en lo obscuro, privado acto de bondad para uno, desprendimiento forzado de la vecina de su pantaleta preferida, la de las noches de placer y osadía, la de los recuerdos del marido.
Travesti cuando se ha tocado el cielo al sentir en la madrugada alcahueta, el viento entre las piernas, bajo la falda , y el himno a la libertad que se toca con los tacones altos golpeando la banqueta.
Travesti cuando se ha dejado atrás el mito de los pantalones, la hombría fundamentada en una trusa.
Travesti cuando se logra vez con vez regresar a la posición original al principio ineludible, perenne, cuando el espejo marca el fin de un gran viaje por el mar de las sensaciones el océano del placer el arte de sentir.
Travesti cuando una falda una prenda es el pincel con que se plasma la nueva imagen la deseada la que nace en un acto de pureza absoluta, acto personal intimo casi sacro.
Que en una seria ceremonia da a luz una nueva persona cada vez siempre en un éxito absoluto, la transformación hacia lo deseado, lo admirado por hermoso y por hermoso deseado.
Travesti, poesía que se hace con el cuerpo, que se siente con el alma, que se goza en lo personal dentro muy dentro.
Travesti, peligro social del ser libre emancipado, en absoluta voluntad de lo que se desea a pesar de todo y de todos.
Travesti, valiente actitud ante la vida y sus oportunidades, valor de ser cuando se quiere ser y valor de regresar cuando se desea regresar, reconocimiento propio de las capacidades del ser reconocimiento de la voluntad de ser libres, en una enagua, en el trastornar al pueblo, en el escandalizar a la familia, valor de poder hacer lo que se quiere a pesar del mito del pecado mas allá de las culpas, mas allá de las nubes, en el cielo mismo, en el paraíso del sentimiento.
Travesti humilde y digna aceptación del estigma. De la marca, de la discriminación, y rebasar sus límites y negar a la sociedad misma en aras de defender el valor de la sociedad toda.
Travesti el arte de olvidarse de lo establecido para establecer lo propio.
Actitud humilde y digna llena de valor y fuerza, para aceptarse y ser para ser aceptándose.
Es la contradicción misma.
Demasiado simple para poder clasificarlo, encajonarlo, delimitarlo, explicarlo.
Demasiado sincero para ser un mal, una enfermedad, una moda.
Demasiado pasajero para tomarlo en serio para que sea lo mas importante.
Demasiado puro para maldecirlo y satanizarlo.
Demasiado banal para no llegar a ser importante y trascendental.
Demasiado para vivirlo todo de una sola vez.
Carolina.
Tomado de Zelma… amiga travesti
Los sueños siempre son posibles…
Siempre, pero siempre, siempre… hay una ventana a la que asomarnos y poder ver el horizonte, la utopía que se mueve mientras caminamos y que nos guía. Siempre dentro nuestro, nuestros sueños serán realidad. Aunque nadie más los pueda ver.






