En los pliegues de mi falda
Las sombras ondulantes
de la bruma adormecida
han grabado sus angustias
en mis labios solitarios
y en los bordes de la luna.
Se apropiaron de mis besos,
de las lágrimas ya secas
y del tímido reflejo
de mi piel equivocada.
Pero el tiempo compartido
en los viejos camposantos
de mil sueños demolidos,
me mostraron que la noche
y que la niebla
son celosas compañeras.
No dejaron que mi cuerpo
se aromara de ternuras
como pétalos de rosa
por el miedo que tenían
de sentirse abandonadas
en los bosques,
en las plazas
y en los pliegues de mi falda.
Hoy andamos siempre juntas
porque supe perdonarlas.
Y ellas nunca me abandonan
porque saben que no puedo
resistir la puñalada
de sentir que la mañana
me desnuda de ilusiones.
Inventario de ausencias

Me hace falta un ángel
o una estrella amanecida,
un espejismo alucinado
que me mienta con cariño.
Hoy no hay música en el aire
ni gaviotas peregrinas
que me inviten a seguirlas
a una playa más azul.
Hasta el duende del amor
se ha marchado sin dolor
a otras almas más distantes
que no saben de lealtad.
Me hace falta ese susurro
que me calme y que me diga
que la pena no es perpetua,
que la muerte y la locura
hoy bajaron la cortina
pues al fin se han cansado
de matar todas las noches
cada sueño y cada beso,
cada gota de rocío.
No hay manos en las sombras
Fantasías (o los mundos paralelos)
Ver que mi cuerpo
se despoja tranquilo
de sus huesos de caucho,
de la piel y del espino.
Reconocerlo sincero;
purificado a lo lejos;
desplegado a lo alto.
Ver que rueda sin penas
por senderos estrechos,
por la playa vacía
(vírgen y yerta
por el miedo a sus miedos).
Danzar con la gracia
de un junco en el agua,
con certeza en el alma
de que dentro del pecho,
copulan las ansias
y las tímidas flamas.
Restregarme los ojos
y que brote una gota;
una lágrima nueva
que me calme la sed,
que me llene la boca,
que me llueva por dentro.
Y así, ya más pura,
más leve y sincera,
ingenua y real,
dar vuelta la cara
y mirar desde lejos
el cuerpo que dejo
y no volver jamás.
En el punto del alma
donde no moran miedos
ni dudas ni angustias,
girar en redondo
y mi orgullo erguido,
entregarlo a otros brazos.
Besos en la piel
Quiero dejarles, de a poco, algunos poemas que escribí refiriéndome a mis sentimientos reales, cuando Mariel siente el deseo casi irrefrenable de mostrarse tal y como es… tal y como siente.
Por supuesto, notarán que no es algo explícito. Alguien que lo leyó sin saber lo que yo siento y soy, lo notó como algo ambiguo… y seguramente lo es, porque el miedo a decir lo que soy siempre está presente.
Aquí, ya sabiendo ustedes mi realidad, podrán descubrir algo más en él…
Espero que les guste…
Besos en la piel
En el lento ocaso
de los anhelos rotos,
va quedando guardada
la caricia simple y fràgil.
Besos pequeños
con sutileza de seda.
Besos de seda.
De a poco escurrieron
por la piel expuesta,
por la emociòn tan nueva
de deseos vivos.
Escaparon, dolientes,
algùn dìa de invierno
con silencio de nieve,
a habitar pasados,
a imaginar cadencias
y voluptuosos futuros.






